Cronica de nuestra querida Penitente #159, Ana Eva Hueso que con su amigo Rafa Prieto realizaron integro el recorrido de la V Ruta de los Penitentes en sus Vespas. Podeis enviar vuestros relatos a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Esta crónica nos ha recordado mucho a esa gente que con gran esfuerzo y pasión ha alimentado el espíritu penitente a lo largo de estos años. No podemos dejar de recordar a nuestro querido Penitente #138, Varablas, que lleva 3 años haciendo la ruta a bordo de la "Blasa", una valiente Varadero 125. Relatos como estos demuestran que valentia y arrojo son las señas de identidad de los participantes de la Ruta de los Penitentes
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CAPITULO PRIMERO: el inicio.
5 de la mañana, me despiertan los truenos. Cruzo los dedos porque aguante hasta salir de Zaragoza. Demasiado tarde, llueve y graniza violentamente. No espero a que suene el despertador, me levanto y comienzo los preparativos: traje de agua, manoplas, botines, mudas, todo me parece poco.
"La mallorquina" me espera pacientemente en el garaje, la miro y pienso que es la Vespa más bonita del mundo. De repente me viene a la memoria la primera vez que la vi, allí en Palma, nuevita e impoluta, a la espera de encontrarme. Sonrío. Hace ya tanto tiempo...Desde entonces ha sido compañera inseparable de viajes, aventuras y hazañas.
Termino de colocar la mochila envuelta con una bolsa de basura y la lata de gasolina. Todo listo. Paso revista: cartera, móvil, cámara, planos, rutómetro y carnet de ruta. Arranco. Son las 5:45 horas, salgo y ha parado de llover, así que me dirijo al punto de salida con algo de esperanza.
Cuando llego ya hay muchas motos, desayunamos un poco y antes de las 7 nos disponemos a partir. Cuanto antes mejor. Muchos participantes ya no van a salir, el día amenaza intensas lluvias.
Tomamos dirección a carretera de Huesca y nos van adelantando numerosas máquinas. Después del enganchón del viaje a Ávila es la primera ruta de "la mallorquina" y parece que va como un reloj. ¿Será el aceite nuevo o la sugestión? No sé, pero va muy fina.
Nos desviamos hacia Las Pedrosas. La lluvia ya ha comenzado, no llevo "pin-lock" y eso me obliga a llevar la visera levantada para que no se empañe. Las gotas duelen en los ojos. Hay que ir ligero para ganar tiempo ya que nuestras paradas son más numerosas, así que vamos cogiendo ritmo. Vemos a lo lejos tres japonesas, se convierten en nuestro objetivo. Les damos alcance en la bajada del puerto y "zas", las adelantamos aprovechando la cuesta abajo y las curvas. En esta ocasión, la lluvia es nuestra aliada, así como estas carreteras bacheadas de nuestro Aragón.
Antes de Ayerbe, en Valpalmas, sellamos el primer paso por control, refugiados en el alero de una casa. El diluvio ya no cesa, y con él muchos participantes abandonan la ruta.
Primer repostaje en Ayerbe y nos acercamos a la panadería para comprar cosas ricas.
CAPITULO SEGUNDO: a Francia.
Continuamos por la Travesía de Murillo de Gállego, qué bien! Me encanta subir hacia El Jabalí (típico bar de almuerzos moteros y no moteros). Estamos en el Santa Bárbara, uno de mis puertos preferidos, buen asfalto y curvitas divertidas. Eso sí, con cuidado ya que el suelo está mojado. Tomamos dirección hacia Puente La Reina y después Hecho, donde se halla el segundo control de paso.
Seguimos hacia Ansó y después a Roncal, parando a repostar en Urzainqui, además de secar el buff, el casco (visera abierta todo el camino) y los guantes de Gore Tex, que esta vez no han calado pero sí se han humedecido, por lo que volveré a reclamar. Voy a ser la probadora oficial de guantes impermeables y por mi pasarán los futuros controles de calidad .
La Vespas son ya el centro de atención, sin olvidar las orejas tanto del casco como de la PX , cortesía de Manu . Si pensaban que no llegaríamos, estos no saben con quién se las están jugando .
La ruta nos lleva por la Travesía de Isaba hacia Francia, qué fastidio. Ya sabemos lo poco que me gusta pasar al "lado oscuro", mis experiencias no han sido buenas y siempre llueve en el Pirineo francés . Tomamos dirección a Arette y Col de Ichere. Las motos grandes siguen adelantándonos en las subidas y los llanos, peeeeroooo...todos sabemos que tras la subida llega el descenso...
Niebla espesa, como siempre, pero a mi desesperación se le regala un motivo para continuar: podemos adivinar en la niebla las luces de algunas motos...A POR ELLAS!!!. El grito de guerra resuena en las montañas y los cazadores nos disponemos a ir a por las presas. Esta vez Rafa va delante, ya que no me gusta Francia. Llegamos hasta ellas no sin esfuerzo y adelantamos a una decena sin compasión .
En Col de Ichere nos sellan el paso por el tercer control. Y sí, las Vespas hemos llegado a Francia . Seguimos hacia el Somport. Contemplo el paisaje y pienso en hacer alguna foto, pero el tiempo va en nuestra contra y las inclemencias ralentizan la marcha. Debo de reconocer que es muy bonito.
Lo pasamos bien en este tramo, el asfalto está casi seco y la carretera es buena, los motores de las Vespas giran al máximo incansablemente, nos piden más. El túnel del Somport se hace eterno y frío, pero a la llegada nos espera la comida y un merecido descanso, para las peques y para nosotros.
CAPÍTULO TERCERO: Canfranc.
Por fin llegamos a Canfranc. Aparcamos las Vespas y la espectación gira a su alrededor. Se oyen comentarios: "mira, hasta una lata de gasolina", "fíjate cuánto años tiene esa", "pues yo los he visto y no se cortan en las bajadas".
Vamos al restaurante y sellamos el paso por el cuarto control. Encontramos mesa nada mas llegar, qué suerte. Comemos ligero, ensalada y migas. Vuelvo a secar el casco, los guantes, el cuello del chubasquero y me cambio de calcetines. Después tomamos el postre, melocotón con vino casero, en la propia estación de Canfranc. Es una pena su estado, su abandono y su triste historia, al parecer sentenciada por la especulación y la falta de rigor de nuestros políticos.
Después nos acercamos a un bar para tomar café y marchar lo antes posible, ya hemos perdido demasiado tiempo.
Anécdota en la comida se sientan a nuestro lado un par de moteros y le dice uno al otro: "oye tú, ¿se te ha encendido el chivato del control de tracción? A mi sí". Al oir eso me da la risa irremediablemente. Estos con ABS, control de tracción, radio, puños calefactables, asiento calefactable, nevera, radio y 150 cv. bajo el trasero. ¿Dónde ha quedado el espíritu motero de sufrimiento, agonía y desventuras varias? En fin, supongo que me dió la risa por no llorar y pensé de nuevo en "la mallorquina" y en lo bien que estaba yendo sin ABS, control de tracción ni equipo estéreo, pero haciendo orgulloso alarde de sus valientes 12 cv. que nos llevarían con gallardía hasta el final de esta ruta infiel.
Arrancamos. Nuestro próximo destino vuelve a ser Francia por el Puerto del Somport. Cogemos dirección Pau, Bedous, travesía de Cette Eygun, Sarrance, Escot, Bilheres y Col de Marie Blanque. Aquí nos disponemos a pasar uno de los puertos más duros del Pirineo para los ciclistas, un clásico del tour de Francia, un coloso que tras cinco kilómetros suaves, presenta cuatro con un desnivel medio de más del 10%.
Aquí ya nos han dado alcance varias Suzuki V- Strom y BMW´s, por lo que pienso que rápidamente nos pasarán por encima. Pues no, tras un buen rato de mirar por el retrovisor y echarme a un lado, bajando y curveando a 80 km/h o más en alguna zona, llego a la conclusión de que no están por la labor de adelantar y se quedan detrás. ¿Qué pensarán al ver las Vespas? ¿Qué aspecto tendremos bajando en mojado por estos puertos con baches y algo de grava? ¿Daremos risa? ¿Daremos miedo?
Ahora toca conducción económica, evitando gastar gasolina innecesariamente, para llegar a repostar a Laruns. De tener que parar más veces nos retrasaríamos mucho. Bueno, pues no llegamos y debemos parar antes a echar un poco de la lata, pero continuaremos con la coducción económica.
En el cruce de Bielle nos aguarda el quinto control de paso y paramos a recolocar el equipaje. Pienso que de momento me encuentro bien y no acuso el cansancio.
Cuando llegamos a Laruns buscamos la tan esperada gasolinera, pero las tarjetas que llevamos no funcionan, por lo que buscamos otra. Preguntamos en un bar donde estaban tomando un refrigerio otros participantes, charlamos un poco y nos indican muy amablemente dónde se encuentra la otra gasolinera. Allí era simpático hasta el gato que sale a recibir a los clientes.
Sin embargo, no contaban con que era 1 de mayo y estaba cerrada por festividad. No hay más solución y debemos de seguir echando de la lata. Señalar que en esta gasolinera se encontraba un participante que había pinchado y lo estaban intentando solucionar. Tanto ABS y control de tracción y no cuentan con rueda de recambio, si es que...
CAPÍTULO CUARTO: temor a la bal d´a Guarga.
Salimos de Laruns y continuamos hacia el Portalet. Podemos rodar más rápido porque el siguiente repostaje está calculado y llegaremos bien. El paisaje ha sido impresionante en el Pirineo francés, cascadas de agua, praderas con caballos, vegetación, verde, una casa cubierta de enredadera de lilas...qué pena no haber parado para hacer fotos. Espero recuperar las que hagan otros participantes.
Superamos el Portalet sin problema y llegamos a repostar a Formigal. Paramos a merendar un poco y hablamos con el resto de moteros. Nos hacen fotos a nosotros con las Vespas porque no se lo terminan de creer . Veré si me las pasan, aunque no sé quiénes eran...
Nos preguntan si hemos acortado por algún sitio o si hemos hecho la ruta entera . Manda "webs" .
Tras recuperar fuerzas bajamos hacia Escarrilla dirección Biescas. Un coche me frena y no puedo adelantarlo, menos mal que solo son cuatro kilómetros. La verdad es que circular en Francia es otro mundo, los coches se apartan al ver las motos, facilitan el paso y señalizan las maniobras. Esta vez no me ha tocado el tonto de turno .
Una vez en Biescas cogemos dirección Gavín y sellamos el control de paso seis. Comienza el Cotefablo y con él la vista de uno de los paisajes más bonitos del Pirineo aragonés, el Valle de Broto y su Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. El puerto discurre de maravilla, el suelo está bastante seco y el camino me trae recuerdos imborrables de otro tiempo. ¿Cuántas veces habré recorrido ese puerto? Se pierden en mi memoria.
Rafa sigue delante porque el Cotefablo no me da confianza en moto, pero enseguida me doy cuenta que con la Vespa es otra historia, y disfruto en todo su recorrido sin que, asombrosamente, nos adelanten apenas dos motos RR.
En Broto repostamos otra vez en una pequeña gasolinera, charramos con el gasolinero y se rie de nuestras orejas, las de la moto y las mias .
Pasamos por Sarvisé y sus caballos, que están a la espera de que llegue el buen tiempo para salir a dar paseos a los turistas. El paisaje es increible e incluso parece que quiere salir el sol. Continuamos hasta el desvío hacia Lanave y Sabiñánigo, en el Serrablo, conocido como La Guarguera o bal d´a Guarga como se dice en Aragón. El suelo está mojado al principio, vamos despacio y nos adelantan algunas motos que vemos después paradas haciendo fotos y contemplando la vista. Nos saludan al paso. Poco a poco el asfalto se va secando, el sol está de cara y deslumbra, en algún trozo no se ve casi nada, pero vamos subiendo el ritmo hasta ir bastante rápido. Creo ver una RR a lo lejos. Nos vamos acercando. Estoy detrás. ¿Qué hago? ¿Adelanto? Van dos e imagino que deben de estar destrozados de ir en esa moto. Además, la Guarguera es especialmente agotador, 52 kilómetros de curvas sin dar tregua, sol de frente, mala visibilidad, zonas húmedas, gravilla. Resulta pesado y cuando te cruzas con alguien te asustas, debido a lo escasamente frecuentado que está este puerto. Finalmente y tras observarlo un rato decido adelantar y nos vamos hacia el final de la Guarga, que se me hace interminable.
Por fin hemos terminado la parte del Serrablo. Ahora sí siento el cansancio. Ese puerto me resulta insufrible y estoy agotada, física y mentalmente. Y lo peor es que después del Monrepós queda la autovía hasta Zaragoza. Me da el bajón, estoy destrozada. Intercambiamos unas palabras con los compañeros de penitencia, nos reimos, nos felicitan y dan ánimos. Vemos salir volando a dos RR y nos despedimos diciendo: ¿nos las lijamos en el Monrepós? Risas. Nos vamos.
CAPÍTULO FINAL: el desenlace.
Subimos el Monrepós con la vista puesta en Arguis, donde se pasará el último control de ruta, aparte del final en el Hotel de Zaragoza. Vemos cómo nos adelantan multitud de motos. Desesperación. Sólo pienso en lo que vamos a perder en este tramo y en el próximo de autovía, con lo bien que íbamos, pero por mucho que intentemos desenroscar el mango del acelerador no da para más, y tendremos que conformarnos con 100 km/h frente a la velocidad que mediarán el resto en ese trozo.
En Arguis sellamos y nos invitan a todos a un café. Me tomo un vaso de leche calentito y nos ponemos en ruta.
Resulta insoportable. Cuento los kilómetros que parece que no pasan. Y el resto de las motos siguen adelantándonos una tras otra, cómodamente. Me tumbo sobre el manillar para conseguir algo más de velocidad, pero me duele la espalda. El asiento ya se me hace incómodo. El acelerador es duro, me cuesta mantenerlo a tope y comienza el dolor en los músculos de la mano. No sé cuánto podré soportarlo, pero hay que llegar como sea.
Debemos parar en Almudévar para repostar. Coincidimos nuevamente con dos participantes que nos saludan. Casualmente en la cena nos sentamos cerca y nos preguntan. Ya queda menos, veo pasar los carteles de señalización que los conozco de memoria, pero el único que deseo ver es Plaza-Feria de Muestras-aeropuerto. Me entretengo haciendo cálculos: si estos que acaban de pasar lo hacen a 140 por hora y quedan 40 kilómetros, les costará llegar "x", y a mi que voy a 100 me costará "y"...
Sigo mirando por el retrovisor, que se ha soltado un poco y ha comenzado a girar. Por favor que aguante, que no tenga que parar para apretarlo. Veo el cartel del desvío, bieeeeennnn!
Llevamos varias motos detrás que no nos adelantan y nos siguen hasta el Hotel. Aparco, paro el motor, hemos terminado.
Nos ponen el último sello y recibimos nuestro merecido Diploma de Penitente. Prueba superada, una vez más. Nos obsequian con una buena cena y los que aguantan se quedan a la fiesta. Yo me retiro, no puedo más, pero estoy contenta y satisfecha de la edición, me he divertido mucho y he disfrutado de cada curva. Ya estoy pensando en la próxima .
BALANCE FINAL
Enhorabuena para la organización. Me ha sorprendido la puntualidad y la atención recibida con tanta gente que éramos. Una prueba de estas características conlleva muchísimo esfuerzo y trabajo. FELICIDADES.
El relato lo he querido redactar con algo de ironía para amenizarlo, en ningún momento he pretendido reirme de nadie ni de nada. Cada cual lleva su propia penitencia, uno que se queda sin rueda, otro que se da un buen susto, otro que está agotado…
Querría agradecer a los moteros que en algún momento nos encontraron parados su interés por si todo iba bien (antes de las Pedrosas tuve que parar un momento, y por cierto retiré un caracol para que no lo pisaran). Muchísimas gracias!
Me resulta gracioso recordar cómo muchos nos aplaudían al pasar, supongo que debíamos de dar mucha pena...
Ha sido una ruta fantástica, pese al agua, a los patinazos y a algún sustillo con la gravilla, pero nada que no ocurra en cualquier salida motera.
Me gustaría recopilar alguna foto que sé que nos han hecho unas cuantas, además de alguna de los paisajes y las carreteras, ya que desgraciadamente el tiempo no jugaba de nuestro lado y ya perdimos bastante con los repostajes.
Me emocionó ver a las "Trucatis", aunque sólo pude escuchar el maravilloso sonido de tres embragues en seco y la música celestial de sus motores y escapes. Una pena que no se animen más ducatistas. Quizá otro año haga la ruta con la "monstrua", mi roya, para hacer bulto . Al menos le regalé el pasacalles, para que no se enfade.
Y por último, debo admitir que en un momento eché de menos a la "monstrua", pero sólo al final, cuando quedaba el Monrepós y la vuelta a Zaragoza por la autovía. Lo digo porque no quiero engañar a "la mallorquina". Menos mal que se llevan bien, al fin y al cabo son compatriotas estas italianas.
Fdo. Ana Eva Hueso, penitente 159.



La noche de las Brujas













